Desafíos para un Purpose global: a propósito de Nurgozhayeva y Puchniak (2023)

Cartel que me tope caminando por las calles de Cambridge, Masssachusets.

En su artículo «Corporate Purpose Beyond Borders: A Key to Saving Our Planet or Colonialism Repackaged?», Roza Nurgozhayeva y Dan W. Puchniak (2023) revisan críticamente el hecho de que el debate sobre el «Purpose» parece centrarse únicamente en aspectos localistas del Derecho de Sociedades, cuando los problemas medioambientales son globales y no respetan fronteras.

Los autores ofrecen una taxonomía de las fuerzas a partir de las que se explica el gobierno corporativo a nivel global, agrupadas en tres categorías: estados, empresas y entidades transnacionales. Se destaca que estas fuerzas no solamente tienen el potencial de promover una gobernanza societaria sostenible, sino que además plantean preocupaciones sobre el impacto del fenómeno «neocolonialista», cuestionando para quién se está creando este nuevo propósito global corporativo.

El «Purpose» ha emergido como un tema central en el Derecho de Sociedades y el Derecho Mercantil. La pregunta sobre cómo las corporaciones deben equilibrar los intereses de los accionistas con los de los stakeholders ha dado lugar a ríos de tinta y acalorada discusión académica en foros y seminarios. No obstante, hasta ahora parece que una cuestión fundamental ha pasado desapercibida, que dice con el hecho de cómo los esfuerzos para expandir la sostenibilidad corporativa más allá de las fronteras jurisdiccionales pueden ser vistos tanto como una salvación ambiental o como una forma de «neocolonialismo».

El paper destaca que el «Purpose» tiene el potencial de ser una herramienta clave para abordar situaciones como el cambio climático. Iniciativas de la Unión Europea (UE) como la Diligencia Debida en Sostenibilidad Corporativa (CSDDD) dan cuenta de como un actor estatal puede extender su influencia más allá de sus fronteras (Europa) exigiendo a las empresas internacionales que adopten prácticas de sostenibilidad que cumplan los estándares europeos. La intención con ello es intentar frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir la huella de carbono corporativa a nivel internacional. Roza Nurgozhayeva y Dan W. Puchniak exaltan que este tipo de regulaciones representan un cambio radical hacia un gobierno corporativo globalizado con un enfoque en la sostenibilidad empresarial y en los derechos humanos.

A pesar de los posibles efectos positivos de estas medidas, los autores también iluminan una dimensión algo inquietante de este asunto, planteándose una pregunta crucial: ¿Para quién se está creando el nuevo «Purpose» global? Señalan que cuando actores poderosos, sean estados, empresas multinacionales u organismos transnacionales, dictan las reglas de lo que constituye un buen gobierno corporativo, se corre el riesgo de imponer estar normas a países y economías más débiles, sin su consentimiento o participación real en el proceso. Esto es lo que llaman como «colonialismo reenvasado» (colonialism repackaged).

En el trabajo se ejemplifica lo anterior citando un estudio de la Fundación Africana del Clima y el Instituto Firoz Lalji para África de la London School of Economics, «por el que se estima que la implementación del Impuesto Fronterizo de Carbono de la UE podría reducir el PIB de África en un 0.91%». Esta pérdida para la economía africana, se sostiene en el informe referido, «sería tres veces el importe del presupuesto de cooperación al desarrollo que la UE se comprometió a destinar a África en 2021». Por supuesto, «los activistas climáticos del hemisferio norte aplaudirían la aplicación de la medida de la UE», pero al final del día el impacto desproporcionado de las políticas recaerá siempre en el «sur global»1. Desde un punto de vista normativo valdría la pena preguntarse si es justo que las economías más ricas, y por lo tanto más fuertes, impongan este tipo de estándares cuando las economías emergentes, que contribuyen menos al problema climático, sufren las peores consecuencias.

Existe sin duda una tensión inherente entre los problemas globales y las estructuras políticas y jurídicas locales. Esa es la tesis del artículo. Mientras que los problemas medioambientales como la contaminación y el cambio climático son extraterritoriales por naturaleza, las leyes, regulaciones y políticas públicas son en gran medida locales. Esta desconexión descrita plantea desafíos fundamentales para una gobernanza sostenible transnacional. Los profesores singapurenses argumentan que la falta de alineación entre los problemas globales y las soluciones locales ha permitido que actores poderosos influyan desproporcionadamente en la definición de ese propósito empresarial transfronterizo, lo que podría no reflejar los intereses o prioridades de las poblaciones más afectadas por estos problemas.

Para pensar un «Purpose» global sin caer en el dilema del «colonialismo reenvasado», el texto de los académicos nos invita a reflexionar haciéndonos la siguiente pregunta: ¿cómo se puede garantizar que la expansión del propósito corporativo más allá de las fronteras no solo sirva a los intereses de los poderosos, sino que también incluya a todas las voces en la mesa? Nada es blanco y negro. Repensar el gobernanza societaria y plantear soluciones a los problemas medioambientales que aquejan al mundo requiere reconocer los grises.


1 El «tercer mundo» o países subdesarrollados y en vía de desarrollo.

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